18 abr 2016

Acerca del acoso callejero...


"Si no me agarro me caigo". Esos fueron los argumentos que me dio un hombre (que ni siquiera merece ser llamado así) mientras me manoseaba las costillas y casi una seno viajando en Transcaribe, el Sistema Integrado de Transporte Masivo de mi natal Cartagena de Indias, cada vez que el bus frenaba. Desde el principio noté la posición incómoda en la que estaba el agresor, pero ante el exceso de personas y el poco espacio, no es mucho lo que se pueda hacer en estos casos para que la gente logre acomodarse.

¿Qué hice ante el manoseo? Bien, les digo que le manifesté (con mucha rabia) que si acaso estaba ciego y no veía la baranda superior para agarrarse de ella y no de mi cuerpo, porque claramente me estuvo tocando en varias ocasiones. Mi tono de voz alertó a varios pasajeros, entre hombres y mujeres, quienes se unieron a mi voz de protesta y le dijeron, primero que se acomodara y se agarrara de donde debía y además que respetara.

¿Qué hizo el tipejo? Pues la salida más fácil que encontró ante semejante escarnio público fue negar en absoluto la agresión que había cometido y se concentró en su chat de Whatsapp.

Seguramente al leer mi testimonio, principalmente las mujeres, sabrán que este es pan nuestro de cada día, en el transporte público, en la calle, sal salir de casa, en cualquier espacio público, en el trabajo, en la escuela... ¡EN TODAS PARTES! Pero ¿qué hacer ante estas situaciones? Bueno, yo reaccioné de esa manera, aireada y en voz alta porque estoy harta de que personas como este tipejo crean que tienen derecho sobre ti, personas enfermas que no tienen un mínimo de conciencia, que justifican sus acciones diciendo que la culpable fuiste tú, por paranoica, loca, grosera o como me dijeron a mi "maluca", y esa palabra fue la que menos me ofendió. Lo más sorprendente de la situación fue la mirada de odio que me lanzó el manoseador, la forma como apretaba el puño para aguantarse las ganas de golpearme, aunque en realidad no me dio miedo, eso solo me daba más fuerzas para defenderme, porque como ya les dije ¡estoy harta!

Cabe aclarar que allí inicia otro debate, hasta dónde defenderte de este tipo de agresiones pone en peligro tu integridad física. Sin embargo, así como a nosotras nos enseñan a defendernos y manifestar nuestro descontento, por qué no enseñamos a nuestros niños, jóvenes y hombres a no abusar, a no agredir el cuerpo y la integridad de la otra persona, a saber que una mujer por el hecho de tener vagina no es menos ante su pene, en fin, a respetar, algo tan simple como eso.

Como dato curioso a cerca de la anécdota, les cuento que finalmente para disimular la vergüenza que hice pasar a mi estimado, hizo dos llamadas por celular, ambas a dos mujeres y lo más curioso del asunto fue que las dos eran "mi amor", a las dos les dijo que las extrañaba y que esperaba que la comida estuviera lista cuando llegara a casa.

Y como decía el extrañado Diomedes Díaz: "Se las dejo ahí". 

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