26 sept 2016

Chiquillos traviesos

Para ser honesta, siempre me pareció tabú salir con hombres (o chicos) menores que yo, incluso con pocos años de diferencia. Es que, era más normal para mi que me parecieran interesantes los mayorcitos, creía que eran más maduros y estables emocionalmente; sin embargo no me había dado cuenta de que estaba equivocada, meando afuera del tiesto.


Resulta que no he necesitado buscar la oportunidad, más bien el destino me ha buscado a mi, para cachetearme sin piedad y decirme que era una tonta prejuiciosa, que me estaba comportando como un director de cine experimentado haciendo el casting para los protagonistas de su historia: exigente y minucioso, detallista, incluso déspota y discriminatorio en ocasiones. No había querido ver que por dármelas de selectiva, estaba dejando de vivir experiencias maravillosas y enriquecedoras, pero lo más importante, estaba privando a los prospectos de conocerme.

Resulta que hace un tiempo, conocí a un chico 6 años menor, lo sé sobrepasé mi propio límite, pero el asunto no es ese. Este chico... llamémosle Ángel, por circunstancias de la vida, nos vimos obligados a compartir bastante tiempo juntos, cada día notaba sus encantos, me agradaban sus bromas, la forma en que me hablaba... sus ojos, su boca y todas esas pendejadas, en fin me estaba encarretando con el niño. Y resulta que sí, me encarreté, tanto que llegué a pensar en la posibilidad de que existiera algo más allá de encuentros ocasionales, besos furtivos, caricias consoladoras, o llegar a aquello a lo que más temía que pasara... ¡SEXO! Porque algo si les digo, descubrí que igual de incontenible que la tos o el hipo, lo son el deseo y la atracción. Ángel, ese chiquillo travieso al que subestimé, más que seducirme o enamorarme, me enseñó que todos estamos capacitados para amar, que el amor tiene sus matices y excepciones.

Salir con menores tiene sus ventajas: son arriesgados, suelen tener un humor pícaro/doble sentido, viven y conocen cosas que tu no y que te harán aprender, tu experiencia también hará que él conozca otro mundo diferente al suyo.

Como si fuera poco, luego de semejante enseñanza constructivista, las fuerzas cósmicas continúan insinuando que los únicos seres antropomorfos cargados de testosterona con quienes debo lidiar por ahora son esos chiquillos, es que si se fijan los más indicados para elegir según mis esquemas están comprometidos, no viven en este planeta, son gais o alguna cuarentona más buena que yo y sin prejuicios por la edad ya lo aseguró.

Por eso querida amiga, en esta ocasión la exhorto a que no se niegue a vivir por miedo. Miedo a salir lastimada, miedo al qué dirán, miedo a que no vaya a durar lo que espera o miedo a que dure demasiado. Dele la oportunidad a uno de esos chiquillos traviesos como yo lo hice y vea por si misma si vale la pena o no, eso si, identifique de acuerdo a su calentura si quiere un chiquillo para un rato o por el contrario, compartir con este un tiempo de calidad.

No hay comentarios: